Kawéskar

Tiene literalmente la connotación de ser “racional de piel y hueso”.

En 1880 su población estimativa era de tres mil. Habitaban desde el paralelo 48 hasta el 53 de latitud sur.

También conocidos como alacalufes, son individuos morenos de filiación mongoloide, ojos oblicuos, pómulos salientes, dentadura blanca y fuerte. Su estatura media, de acuerdo con Alberto de Agostini, es de 1,66 metros. Vivían gran parte del día en sus canoas y al anochecer acampaban en las playas. Incluso en invierno las mujeres se sumergían desnudas en busca de mariscos, llevando un canasto en la boca. Se alimentaban de lobos marinos, nutrias, pájaros, mariscos, pescados y otros productos que les entregaba la naturaleza.

La principal ceremonia se efectuaba en la Gran Casa (Yinchihaua), un toldo cónico con cuatro entradas y dos fogones. Los candidatos iniciados se pintaban ritualmente, llevando atuendos de plumas. Allí se confeccionaban armas simbólicas, se bañaban al amanecer, practicaban juegos y pruebas rituales. Por la noche ejecutaban danzas y cantos. Hacia el final de la iniciación, las mujeres pasaban un día en la Gran Casa sin comer ni beber, y con la cabeza gacha para no ver lo que los hombres hacían.

Los varones y los niños ocupaban las casas de las mujeres, usando sus pinturas y las bandas de sus cabezas. Allí se respondían interrogantes sobre el nacimiento de la sociedad kawéskar y se entregaban normas societarias, narrándose la era del matriarcado con la reiterada figura Hombre-Sol-Día-Bien y Mujer-Luna-Noche-Mal, con la consiguiente victoria de los hombres y su control de las mujeres.

Sufrieron el pernicioso influjo de los civilizados que vivían en los canales, contrayendo enfermedades como las venéreas, tuberculosis, el sarampión y la escarlatina, que causaron espantosa mortandad. También los afectó el excesivo consumo de alcohol.

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